Historias que no tienen final

jueves, 17 de mayo de 2012

LA NIÑA Y LAS PALOMAS (Felicidades, Clara)


*Basado en hechos reales

Clara es una niña de 7 ó 8 años, ¿o eran 9? (¡Sí, venga, 14!, dice Carlos). Bueno, al final tiene 9 años. Es una niña rubia muy guapa, con muchas pecas y una inocente sonrisa inocultable. Es verano y está en Venezia de vacaciones con sus padres y su hermano. Los padres necesitan un descanso de sus maravillosos hijos así que deciden tomar un café en una terracita dejando a sus hijos aparentemente fuera de peligro dando de comer a la palomas de la plaza, algo totalmente normal para los aragoneses ya que jugar con la palomas de la Plaza del Pilar es un pasatiempo para los niños desde tiempos inmemoriales.
Clara compra un paquete con trocitos de pan y los lanza cerquita suyo para que las palomas se acerquen a ella. Está emocionada, tiene a los animales muy cerca y casi puede hasta tocarlos. Se está divirtiendo así que decide ir un poco más allá y pone trocitos de pan en sus manos, con la esperanza de que alguno de esos animalillos se pose en ella para comer. Su felicidad es visible desde su sonrisa hasta el movimiento de caderas estilo boogie con una inocencia que muy pronto va a perder para siempre.

La sombra se apodera de la plaza y se escucha el retumbar de un trueno. Un fuerte viento azota la capital de Véneto y acompaña a su silbido un sonido espantoso, un graznido que parece venido de las mismísimas puertas del infierno, un sonido que asusta al propio Cerbero y deja salir del inframundo a esos horribles animales que producen el desquiciante sonido.
La sombra que encapota el cielo se vuelve más negra y Clara sube la cabeza asustada para ver el infierno que se cierne sobre ella. ¡Ahí está, se acerca!, el ejército de las tinieblas, un ejército venido desde tiempos ancestrales, un lugar y un tiempo desconocidos por el hombre, un ejército formado por soldados alados, con pico, patas y muy buena puntería cuando disparan. Son 8 millones de palomas, no 8 mil, ni 800, ¡8 millones!, y todas poseen un mismo objetivo: la niña ya no tan sonriente con trocitos de pan en las manos.
Clara, confusa por el miedo, comienza a correr en todas direcciones con una nube de palomas rodeándola y atacándola para acabar con toda su comida. Tropieza y su espalda golpea el suelo con la mala suerte de que la bolsa de comida se rompe y caen sobre su cuerpo todos los trocitos de pan. Las palomas la avasallan, arrasan con todo lo que hay sobre su cuerpo, sin dejar nada. En su afán de devoro, una de ellas incluso arranca una pequeña peca que sobresale levemente en su pecho. La pobre Clara llora, llora desconsolada sin poder defenderse ante tal aberración enviada por Satanás para traumatizarla de por vida. Ha perdido y sólo le queda esperar a que el infernal ejército se vaya para conquistar otra batalla que, esperemos, sea más igualada.
Las palomas se van con el saber de un trabajo bien hecho y el estómago lleno. Una de esas ratas voladoras gira su cabeza mientras se aleja y sonríe mientras Clara la observa cubierta de lágrimas y migas de pan, ese pajarraco huye con algo más en su estómago, ese pajarraco se lleva su peca, una peca que nunca recuperará.

sábado, 12 de mayo de 2012

Te adoro

Te adoro porque apenas te conozco pero quiero conocerte y porque si ya te adoro ahora no sé qué haré cuando te conozca del todo, cuando por fin sepa si sonríes en serio o sólo por compromiso, cuando sepa si me besas en serio o sólo porque yo te beso. 
Te adoro porque mi búsqueda de lo perfecto termina después de ver tus ojos, porque para mí verte es perfecto y si me veo en tus ojos me olvido de que nada lo es. 
Te adoro porque eres Tú y sé que dentro de poco seremos Nosotros, porque te veo y siento como un singular se puede convertir en un plural engañoso, un plural tan perfecto que parece singular.
Te adoro porque tengo la voluntad de hacerlo todo por ti, porque aún no conozco tu espalda pero sé que quiero arañarla, porque no sé que secretos escondes bajo tu falda pero créeme que quiero descubrirlos, porque no sé si nuestras manos encajan de una manera perfecta pero si no lo hacen me haré unas nuevas a medida con las tuyas.
Soy paciente porque te adoro.
Dices que estoy loco porque te adoro y yo te digo que tú vas a estar loca porque vas a adorarme pronto.

viernes, 3 de febrero de 2012

"CUANDO LA MUERTE NO PUDO MATAR"

*A Elvira
"Murió de amor la pobre Elvira,

cándida rosa que agostó el dolor,
süave aroma que el viajero aspira
y en sus alas el aura arrebató" Espronceda, El estudiante de Salamanca, parte II

No estoy seguro de que tocara el suelo mientras se acercaba, sin saberlo, a mí. Ondeaba los volantes de su falda blanca el viento y volvía para elevar sus rizos negros sobre sus hombros como si no quisiera separarse de ella. Caminaba lenta, como sin saber hacia dónde se acercaba de manera inevitable. Yo la esperaba, la esperaba con toda mi ansia y deseaba verla más de cerca, admirar su belleza eternamente, acompañarla más allá de donde todos quedan y abrazarla, abrazarla y fundirnos en un beso eterno.
Entonces pude ver sus ojos, mirándome, sabiendo que ya nada volvería, que vendría conmigo y todo terminaría. Las lágrimas brotaban lentamente mientras me miraba y entonces se quedó quieta, con sus ojos observando los míos, esperando una respuesta al sentido de la vida. No pude dársela, no pude moverme. Intenté deshacerme de ellos pero no pude. Me había atrapadó. Me dejé atrapar por ellos y me enamoré, me enamoré perdidamente del universo infinito que encerraban.
Entonces nos miramos, sin saber qué hacer. Ella esperando que la llevara conmigo y yo encerrado en sus ojos deseando que nunca tuviera que hacerlo.

*Recuerdo esta vieja entrada de Con un palo escalé el Everest:
A tus ojos, que siempre los veo si me miran, que siempre me miran si los veo. Muchas veces me pregunto qué habrá al otro lado, qué escondes tras esa sencilla mirada, tras esa ardiente pero a la vez oscura luz que ilumina esa frontera imaginaria que he(mos) creado entre nosotros.
Tal vez tus ojos sean como los agujeros negros, que devoran todo lo que penetra en ellos, y por eso no puedo salir.

martes, 31 de enero de 2012

"IMAGINA QUE..."

Dos palabras. Dos bonitas palabras: un verbo en imperativo, un verbo que obliga al interlocutor a adentrarse en un mundo mágico al que sólo puede poner barreras, si se me permite redundancia, la imaginación, y un maravilloso nexo al que le puede seguir cualquier objeto directo, un objeto directo infinito... el límite lo establece, si se me permite la redundancia otra vez, la imaginación.
Es la expresión más amplia que existe en la lengua castellana, ¿no? "Imagina que...", pero, ¿de verdad es tan maravillosa? Hace diez minutos sí que lo era, ¿que ha cambiado para que escriba esto?

Acabo de darme cuenta de lo cruel que es esta expresión. ¿Dos palabras que te permiten cualquier cosa? No, gracias.
Imagina que estás en París.
Imagina que puedes volar.
Imagina que estás con ella.
Me parece cruel.

Nuestra obligación como seres vivos a los que se les ha concedido el privilegio y el derecho de vivir es reducir las posibilidades de la imaginación, nuestra obligación es esforzarnos en ser felices hasta el punto de que no valga la pena imaginarnos nada porque no necesitamos nada mejor. Pero claro, pensándolo bien no me parece una expresión tan mala. Mientras nos esforzamos en alcanzar ese nivel de felicidad, imagina que...

domingo, 29 de enero de 2012

BREVE INTRODUCCIÓN SOBRE CIUDADES, HISTORIAS Y LORIÉN

Todas las ciudades del mundo son testigo de cientos de miles de historias de amor. Todas, por muy grandes o pequeñas que sean, han visto a hombres y mujeres luchar por conseguir a esa persona que les convierte en especiales. Algunas de estas ciudades incluso se han hecho más célebres gracias a esas historias, como Nueva York, Verona, París o Teruel, pero hay todavía una infinidad de historias que no se han contado. La ciudad que fue testigo de la historia que voy a narraros la vivió con pasividad, como si supiera que esa historia pudiera haber ocurrido en cualquier otro lugar, en cualquier otro momento o a cualquier otra persona.

Zaragoza es la quinta ciudad española en población y concentra más de la mitad de toda la población aragonesa. Más o menos setecientos mil habitantes pasean por sus calles, a los que tendríamos que sumarle turistas, estudiantes, inmigrantes… Cada una de estas personas tiene al menos una historia que contar y, me atrevería a decir, que casi todos tienen una bonita, bueno, no necesariamente bonita, pero sí una historia de amor. Desde el siglo VII a. C. Zaragoza acumula estas historias, muchas son dignas de mención, otras no y otras, simplemente, son para olvidar.

La historia que voy a contaros no es más que otra de las que se han vivido en Zaragoza. Una historia de un chaval que muchos definirían como el más normal del mundo, tan normal que hace de la novedad rutina, pero que el corazón le bombea tan fuerte la sangre que su cabeza no puede soportarlo y se desborda en forma de imaginación. No creo que sea la historia más indicada si estamos hablando de historias de amor pero, sin duda, es una de ellas, una de esas historias que no sabes si ya ha terminado, si terminará o, por el contrario, ni siquiera ha empezado.

Se llama Lorién, aunque todo el mundo lo conoce como el elfo debido a su nombre, a que prácticamente lo podemos considerar imberbe y a su constitución esbéltica. Al elfo no le importa ese nombre ya que su libro favorito es El Señor de los Anillos, aunque hubiera preferido que lo llamaran el hobbit porque su personaje preferido es Sam, pero se conforma con lo que tiene. Siempre que conoce a una persona nueva, lo primero que le cuenta es esto, su mote, aunque eso es algo que no tiene nada que ver con la historia.

martes, 24 de enero de 2012

SOBRE ESTROPAJOS, EPÉNTESIS, ONOMATOPEYAS Y PALABRAS EN GENERAL

He decidido que STUPPACULU es mi palabra latina preferida. Su evolución al castellano tiene de todo: prótesis, simplificación de geminadas, síncopa... ¡hasta una R epentética!
Al castellano nos ha llegado como estropajo, que no mola tanto pero también es guay. Es una palabra que, incluso, permite ir un poco más allá porque podemos llegar a afirmar sin miedo a equivocarnos que esa R epentética es onomatopéyica por el ruido que hace el estropajo cuando lo utilizas. ¡¡Es una R epéntetionemática!! Los límites los marca la imaginación.
¿No es alucinante?, ¿no lo es?, ¿no? Pues a mí me lo parece, aunque tal vez sea por los momentos que me ha dado esta palabra en las últimas 48 horas. Tal vez por eso alguna de mis palabras favoritas del español son fonologización, transfonologización o desfonologización, porque las palabras más importantes no son aquellas que transmiten una lección moral o poseen un gran significado, sino que son aquellas que, siendo sólo palabras, son capaces de transportarte a momentos concretos e, incluso, pueden hacerte sonreir. Por eso STUPPACULU es mi palabra latina favorita.

viernes, 20 de enero de 2012

HACIA DELANTE

Ahora que el pasado sólo provoca nostalgia, ahora que las historias se han convertido en eternas, ahora que al sístole siempre lo sigue el diástole, ahora que en mi cama sólo duermo, ahora que en mi cama duermo solo, ahora que el lugar sí que me importa, ahora que a un segundo siempre lo sigue otro, ahora que sus pupilas negras ya no son el final del túnel, ahora que quedarme sin aliento es un hecho extraordinario, ahora que olvidar no es una opción, ahora que los sueños no son la realidad, ahora que la realidad ha vuelto a ser la realidad, ahora que recordar sus besos es veneno, ahora que en lugar de montañas sólo veo sus pechos, ahora que ya no me felicita el cumpleaños, ahora que cuando pienso en verso siempre se me escapa la prosa... ¿Ahora qué?

Ahora es hora de mirar hacia delante, ahora que fallan las fuerzas hay que echar mano a los cojones, ahora hay que volar sin pensar en que se puede caer, ahora hay que seguir hacia delante aunque sea a contracorriente, ahora hay que avanzar campo a través cuando el camino se complica, ahora hay que encender una linterna cuando la luz no alumbra el túnel, ahora hay que escribir aunque duela... Ahora hay que seguir hacia delante aunque duela.