Historias que no tienen final
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martes, 22 de mayo de 2012

Me duelen los pronombres

*A Margarita Porroche y su trabajo sobre La presencia o ausencia del pronombre sujeto en español.

Me duelen los pronombres. Me duelen el y el yo, me duele el nosotros y me duele el él. Me ha perforado el  de tal manera que me duele hasta el yo, tanto que se está haciendo plural. El nosotros me duele menos, por ahí está punzando, y el vosotros, a veces, también me duele un poco. El ellos no me duele, menos mal.
Pues eso, que me duelen los pronombres. Los enfáticos sobretodo, porque si no hacen falta yo no sé por qué cojones los utilizamos (mierda, ese yo ha sido enfático y me ha dolido).
Aunque ahora me duele el yo, me gusta que el plural sea nosotros, es bonito.
Y eso, que me duelen los pronombres.


martes, 31 de enero de 2012

"IMAGINA QUE..."

Dos palabras. Dos bonitas palabras: un verbo en imperativo, un verbo que obliga al interlocutor a adentrarse en un mundo mágico al que sólo puede poner barreras, si se me permite redundancia, la imaginación, y un maravilloso nexo al que le puede seguir cualquier objeto directo, un objeto directo infinito... el límite lo establece, si se me permite la redundancia otra vez, la imaginación.
Es la expresión más amplia que existe en la lengua castellana, ¿no? "Imagina que...", pero, ¿de verdad es tan maravillosa? Hace diez minutos sí que lo era, ¿que ha cambiado para que escriba esto?

Acabo de darme cuenta de lo cruel que es esta expresión. ¿Dos palabras que te permiten cualquier cosa? No, gracias.
Imagina que estás en París.
Imagina que puedes volar.
Imagina que estás con ella.
Me parece cruel.

Nuestra obligación como seres vivos a los que se les ha concedido el privilegio y el derecho de vivir es reducir las posibilidades de la imaginación, nuestra obligación es esforzarnos en ser felices hasta el punto de que no valga la pena imaginarnos nada porque no necesitamos nada mejor. Pero claro, pensándolo bien no me parece una expresión tan mala. Mientras nos esforzamos en alcanzar ese nivel de felicidad, imagina que...

martes, 24 de enero de 2012

SOBRE ESTROPAJOS, EPÉNTESIS, ONOMATOPEYAS Y PALABRAS EN GENERAL

He decidido que STUPPACULU es mi palabra latina preferida. Su evolución al castellano tiene de todo: prótesis, simplificación de geminadas, síncopa... ¡hasta una R epentética!
Al castellano nos ha llegado como estropajo, que no mola tanto pero también es guay. Es una palabra que, incluso, permite ir un poco más allá porque podemos llegar a afirmar sin miedo a equivocarnos que esa R epentética es onomatopéyica por el ruido que hace el estropajo cuando lo utilizas. ¡¡Es una R epéntetionemática!! Los límites los marca la imaginación.
¿No es alucinante?, ¿no lo es?, ¿no? Pues a mí me lo parece, aunque tal vez sea por los momentos que me ha dado esta palabra en las últimas 48 horas. Tal vez por eso alguna de mis palabras favoritas del español son fonologización, transfonologización o desfonologización, porque las palabras más importantes no son aquellas que transmiten una lección moral o poseen un gran significado, sino que son aquellas que, siendo sólo palabras, son capaces de transportarte a momentos concretos e, incluso, pueden hacerte sonreir. Por eso STUPPACULU es mi palabra latina favorita.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Conversaciones extrañas

El hecho de no conocer bien un idioma hace que surjan todo tipo de situaciones cómicas. En L’auberge dijonnaise podéis encontrar una serie de conversaciones que he mantenido durante el tiempio que llevo aquí:

Conversaciones extrañas I
Conversaciones extrañas II
Conversaciones extrañas II (Parte 2)
Conversaciones extrañas III

jueves, 21 de octubre de 2010

Nuevo vocabulario

Aprender un idioma siempre es bonito pero es un trabajo que cuesta demasiado, sobretodo por la falta de vocabulario. Intentar hablar con las pocas palabras que conozco es muy difícil pero divertido, ya que el lenguaje de signos es mundialmente conocido.

Otra ventaja de aprender un nuevo vocabulario es que las palabras que odio del español no tengo por qué aprenderlas, así que, en mi nuevo lexicón, no van a aparecer palabras como guerra, violencia, perder, maltrato, machismo, racismo… Son palabras que a estas alturas de la vida no deberíamos utilizar, por eso me niego a aprenderlas.